«EL BARRIO SERÁ EL CORAZÓN CULTURAL VASCO»

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    Gonzalo Arroita (Bilbao, 1961), letrado del Gobierno vasco en excedencia, lideró durante diez años la gestión de la restauración de la catedral de Santa María de Vitoria, premio Europa Nostra de patrimonio y éxito reconocido en la recuperación de un edificio histórico. Ahora pretende lo mismo con el barrio medieval de la capital vasca.

    Gonzalo Arroita, gerente de la Agencia de Renovación Urbana del Casco Histórico (ARICH) de Vitoria, muestra la satisfacción porque, en plena crisis, el barrio medieval de la capital alavesa comienza a recuperarse de una ruina que parecía irreparable.

    Pregunta. Año y medio después de su nombramiento, en pocas palabras, ¿cómo calificaría su gestión al frente de la agencia?

    Respuesta. En la primera entrevista que me hicieron cuando llegué, me preguntaron: «¿Usted sabe que el 70% de los vitorianos considera irrecuperable el casco histórico de Vitoria?». Ahora, 15 meses después, en los mismos micrófonos me han presentado otra encuesta según la cual el 60% de los comerciantes estaría dispuesto a abrir un comercio en la almendra medieval. De 207 lonjas vacías que nos encontramos al llegar, ya hay 107 activadas, y en plena crisis económica. La ciudad ha cambiado de mentalidad.

    «Los vecinos son nuestra prioridad. Lo primero es mejorar la habitabilidad»

    P. Esa es una de las claves con la que afrontó el proyecto: la de trabajar en cuestiones que se puede definir como «intangibles».

    R. Desde el principio estaba en nuestro programa el dar la vuelta a la consideración del Casco Histórico por parte de la ciudadanía vitoriana y alavesa. Por supuesto, hemos conseguido que todas las instituciones se hayan volcado en el proyecto, desde la mejora de las calles por parte del Ayuntamiento, al establecimiento de nuevas infraestructuras, como el museo Bibat de la Diputación o la Fundación Mejora de la Caja Vital. Se busca que los vitorianos se sientan orgullosos de su ciudad, porque muchas veces son muy escépticos con sus cosas.

    P. Esa línea de trabajo de implicar a las instituciones y a los ciudadanos ya caracterizó su labor al frente del proyecto de la catedral de Santa María.

    R. Cuando la catedral recibió el reconocimiento internacional, la gente de Vitoria comenzó a valorar su patrimonio, al que no había prestado atención hasta entonces. Si conseguimos que se reivindicara una ruina, ahora será mucho más fácil, porque tenemos un tesoro excepcional en todo el norte de España: una catedral única, una trama medieval de la que Víctor Hugo dijo que sólo hay en Europa cuatro ciudades de similar belleza, veinte palacios renacentistas, una intervención urbanística de Olaguíbel en el XVIII que se estudia en las escuelas de arquitectura de toda Europa…

    P. ¿Cuáles son sus prioridades en la renovación del Casco Histórico?

    R. Lo primero, mejorar la habitabilidad y la accesibilidad de todo el barrio. Estamos realizando una de las mayores transformaciones urbanísticas del casco histórico desde Olaguíbel. Los vecinos son la prioridad, no sólo por nuestra voluntad sino porque así lo exige el plan Urban [financia buena parte de la rehabilitación del casco histórico]: la mejora de la vida de quienes viven en zonas que no están a la altura del resto de la ciudad. Y en segundo lugar, que todos los vitorianos recuperen su casco medieval como parte de sus vidas.

    P. ¿En qué sentido?

    R. En que acudan con cariño y sin temor al núcleo histórico de su ciudad. Ya lo estamos viendo: la Cuchillería, que era una calle muy difícil para nosotros

    [en ella se concentra el núcleo duro del ambiente radical de Vitoria], ha visto cómo se abrían 10 comercios, el Bibat, la Fundación Mejora o un albergue para peregrinos.

    P. Pero tienen a parte del vecindario en contra.

    R. En democracia, los grupos municipales son los que representan a los vecinos y hemos conseguido que la mayor parte de los planes se aprueben en el consejo del ARUCH por unanimidad. Respeto todas las opiniones, pero pongamos medida a esa oposición. Esas voces, pocas, están preocupadas porque hasta ahora han mantenido un gueto que se va a convertir en una ciudad para todos.

    P. Hablando de minorías, es reconocida en el barrio una importante presencia de inmigrantes y en más de una ocasión se ha hablado de posibles focos de marginalidad.

    R. La marginalidad ha caracterizado la inercia histórica del barrio en el último siglo, pero creo que llega a su fin, y sin echar mano ni de medidas drásticas ni de subsidios, políticas en las que no creo. La transformación social viene dada por las mejoras económicas, culturales y de la habitabilidad. Con la transformación de estos tres aspectos, el casco medieval se llenará de vida.

    P. ¿La apuesta por el turismo puede ser compatible con la mejora de la calidad de vida del vecindario?

    R. ¡Ojo! El casco histórico de Vitoria ofrece unos recursos en patrimonio cultural únicos en Euskadi. Se tiene que convertir en el corazón cultural vasco, y considero que se debe considerar como un proyecto estratégico en la política vasca.

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